Una segunda oportunidad para dos productores de ajo | El Diario de la República

2023-01-13 10:48:31 By : Ms. Emma Jia

20°SAN LUIS - Jueves 12 de Enero de 2023

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Dos amigos. Leandro Sturba y Alejandro Luna. Ambos son ingenieros agrónomos, Luna además es docente de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), de la cátedra de Horticultura y además enseña Química en tres escuelas. Juntos llevan adelante un proyecto al que le ponen alma, vida y corazón, la producción de ajo.

Durante la cosecha de la campaña anterior prometieron superar los 36 mil kilos en verde y lo lograron, llegaron a los 45 mil.

“Este año pudimos ajustar algunos detalles que no habíamos tenido en cuenta durante la primera experiencia”, inicia Luna, mientras el calor espeso, que caracterizó al noviembre pasado, se sentía como si hubieran prendido un ventilador que tiraba un intenso aire caliente.

En ese momento ambos productores, junto a dos empleados más, estaban atentos a un televisor prendido en el que los canales deportivos estaban transmitiendo el partido mundialista Polonia-Arabia, ya todos conocemos el feliz final de esa historia.

Las miradas se posaban sobre las bolsas de ajo y Luna continuaba: “El ciclo anterior tuvimos pérdidas, fue la primera vez, sabemos que resultó bien, pero podría haber sido mejor. Los primeros años suele suceder, en la época de cosecha, sobre todo, perdimos porque la cuchilla de la máquina no estaba regulada para el corte, obtuvimos muchos bulbos dañados en mitades, también quedó mucho cultivo en el suelo. Además cuando tuvimos que sacar el ajo hubo una tormenta que mojó gran parte de la producción”.

Sturba aprovechó el pantallazo que brindó su compañero, “la primera diferencia fue que cambiamos la fecha de plantación. Esta vez la hicimos el 28 de febrero, se realizó con gente de la comunidad boliviana y cosechamos durante los últimos días de octubre. El cultivo estuvo en el suelo casi 8 meses completos. El ciclo dura 240 días aproximadamente”, asegura y sigue con su descripción: “Comenzó a crecer la plantita, llegó el período de fertilizar, más tarde tuvimos que desmalezar, seguimos con la surqueada, el destolado, que es una actividad que consiste en sacarle la flor al ajo, que se extrae para que tenga buen bulbo, para que no vaya en detrimento del diámetro”.

Ambos coinciden en que el aspecto más importante que pudieron resolver fue buscar ayuda para sacar rápido los ajos del lote y ponerlos en secadero. Si bien obtuvieron  45 mil kilos en verde, la equivalencia de la cantidad que se puede comercializar representa unos 15 mil kilos de ajo limpio y cortado.

“El cultivo tiene que tener el menor contacto posible con el suelo una vez que lo sacas, dejarlo mucho tiempo hace que se produzca humedad y se desgrana rápidamente. El año pasado cosechamos y a los pocos días tuvimos un temporal. A diferencia de este año cosechamos y comenzó a soplar el viento caliente, con mucha temperatura, que nos ayudó a acelerar el proceso de corte, en una semana pudimos empezar a hacerlo, es decir que este clima seco nos favoreció mucho”, explicó Luna.

Una vez que el ajo llega a su punto de cosecha, se pasa una cuchilla cortadora, la gente que cosecha hace los cordones, arma el atado, deja un par en el lote y el resto pasa automáticamente al secadero.

Pero no todo fue de color rosa en esta historia, la meta más importante esta vez, fue proteger los atados del sol para evitar que se ardieran o se asolearan, “si el cultivo permanece al rayo del sol se hierve y no sirve para comercializarlo”, asegura el docente mientras pasea entre las paredes del secadero.

“Cosechamos todo en cinco días. El año pasado el cultivo permaneció en el suelo, al menos durante una semana entera, después llovió y sentimos mucha impotencia. Estábamos muy solos además, esta vez fue distinto ya que pedimos ayuda a la comunidad boliviana”, explica Sturba.

“Si sacamos cuentas fueron 10 o 12 días los que nos llevó hacer todo durante la campaña anterior, contra 2 o 3, que  ahora permanecieron en el lote. Eso repercute en la calidad y rendimiento, ahora tuvimos pérdidas de un 10%, contra un 60% que sufrimos el año pasado”, explica Luna, mientras busca los mejores bulbos para tomarles una imagen.

La revista El Campo visitó a los productores en el momento justo en el que estaban cortando los ajos y armando las bolsas, en diferentes tamaños para la venta, “lo comercializamos en bolsas de 10 kilos, en distintas calidades, de acuerdo al calibre”, asegura Sturba y explica que el calibre es el tamaño de la cabeza del ajo, ellos producen entre 4, 5 y 6, que es el más grande.

Luna toma la palabra y añade que esta cualidad “se mide a través del diámetro ecuatorial del bulbo, que va desde aproximadamente 45 milímetros el más chico, que mide 55 milímetros, sigue el de 65, y el de 75. También tenemos el 7 es el más grande”, especificaba el productor mientras mostraba una especie de tabla con agujeros de diferentes tamaños que representan las medidas del bulbo.

El valor depende del calibre. “La comercialización para nosotros siempre es un tema complicado porque al cosechar nosotros y competir con Mendoza, que tiene bajo calibre, se nos baja el precio entonces es difícil competir con ellos. Están vendiendo a 30 pesos el kilo  de ajo en verde. Pero tendremos que pelear los valores con ellos. También podemos guardar una parte y esperar un poco para mejorar los precios”, razona Sturba mientras especula lo que puede llegar a pasar.

“De todas maneras hemos tenido consultas de quienes desean comprarlo todo, son exportadores, pero todavía no confirmamos nada, nosotros siempre apostamos a abastecer al mercado local con distribuidores y verdulerías cercanas. Además, a una parte la seleccionamos y la destinamos a semilla. De hecho nos sentimos muy bien porque nos visitó gente de Mendoza para ver nuestro ajo, les gustó el tamaño y les propusimos proveerles la semilla, vamos a ver qué pasa en este sentido también”, indica Luna.

Los ingenieros trabajan dos variedades, morado y quilla. Aproximadamente de la producción total el 15% es blanco y el 85% es morado y ambos reciben el mismo manejo.

“En diciembre nos dedicamos a fortalecer el suelo, decidimos enguanar con materia fecal de gallina, porque el precio de los fertilizantes nitrogenados que es lo que marca el rendimiento, está por las nubes”, explica Luna y sigue: “El ajo consume mucho nitrogeno y lo extrae también, entonces evaluando el mercado internacional con los nitrogenados que han subido de manera impresionante, la opción que nos queda es enguanar e incorporar nitrógeno, fósforo, potasio y materia orgánica, para disminuir el costo de los insumos y no degradar el suelo. Aplicamos 12 toneladas por hectárea, que es lo que deberíamos incorporar”.

La superficie total del lote es de una hectárea, pero los productores decidieron enfocarse en tres tercios de ella para trabajar.

Ahora resta esperar, “a fines de febrero empezaremos a preparar las camas para implantar de nuevo. Dejamos que descanse el suelo para que las lluvias y el calor, hagan su trabajo y se vaya descomponiendo el material, y trabajando los microorganismos”, indica Sturba y añade que para ellos la humedad no sería un problema porque cuentan con un sistema de riego por goteo en terreno plano, en el que por una línea de agua pusieron dos de ajo.

“Si vemos que no contamos con agua suficiente para que se incorpore la materia orgánica, entonces decidimos empezar a largarla, pero mientras tanto esperamos a que llueva”, asevera.

Luna reconoce que estuvieron analizando la posibilidad de “poner un cultivo en rotación como zapallo, pero como este es un ajo temprano, cuanto antes plantemos el diente lo más despierto posible, tendremos un mayor rendimiento y desarrollo de la planta”, dice y Sturba añade que si hubieran producido zapallo “quedábamos muy jugados para desocupar el lote del cultivo de verano para poder poner el ajo. También vimos que podíamos sembrar alguna hortaliza de hoja como acelga, pero también demandaría una mayor atención de nuestra parte, una inversión importante y mano de obra. La hoja no es perecedera y si no la ubicás rápido se marchita. Así fue como decidimos enguanar tranquilos para disminuir los costos de fertilización sobre todo”, afirma.

Los inicios de la dupla

El primer paso que dieron los productores fue alquilar un lote de una hectárea que incluye una casa. “En febrero de 2022 nos entregaron la quinta, que es la que trabajamos actualmente, y empezamos a realizar la limpieza del terreno. Arrancamos de cero. En marzo movimos el suelo y se nos atrasó un poco todo, pero acá estamos”, expresa Luna con orgullo.

El camino de los amigos productores inició con pasos firmes hace cuatro años, cuando empezaban a evaluar entre trece variedades de ajo cuál era el que iban a desarrollar.

Desde 2017 pertenecen a la Red Nacional de Cultivadores de Ajo, con base en La Consulta, Mendoza, allí se especializan específicamente en las especies que cultivan y a partir de ahí, y de las características que tiene el suelo y el clima de Villa Mercedes, seleccionaron e identificaron los materiales que mejor rendimiento productivo tenían para trabajarlos.

Otro avance de los productores fue crear la marca, se denominan Ajos La Fortuna y ya tienen diseñado el logo, para conocerlos o comprar los ajos hay que visitarlos en Instagram: @ajoslafortuna, o comunicarse a los teléfonos 2657 32-8109 o al 23-9167, con la misma característica.

Obtuvieron más de 400 kilos

Final de La Niña

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